jueves, 18 de diciembre de 2014

COMPROMISO MILITANTE POR CAMBIAR EL SISTEMA CONTAMINANTE Y EXPLOTADOR

ULTeRA, con un esfuerzo politico-militante, se hizo presente en la Cumbre de los Pueblos en Lima, Perú, para reafirmar nuestro compromiso de vida, no virtual, 
por la Soberanía y la Libertad de nuestros pueblos

 Bajo el lema “Cambiemos el sistema y no el clima”  se convocaron en la Cumbre de los Pueblos en Lima el mes de diciembre de 2014, organizaciones Sociales, políticas, movimientos campesino-indígenas y de mujeres, como así también organizaciones estudiantiles y sindicales, para conformar una contra cumbre en repudio a los lineamientos que los gobiernos de las potencias mas desarrolladas adoptan frente al Cambio Climático en Lima. Paralelamente, los representantes de los gobiernos de dichas potencias, desarrollaron la 20° Conferencia de las Partes (COP20) en el Cuartel General del Ejército Peruano,  mejor conocido como el  centro clandestino el “Pentagonito”, ícono de la impunidad  del Terrorismo de Estado.
La apertura de las actividades de la Cumbre de los Pueblos,  el día 8 de diciembre, comenzó con una amplia y variada agenda que abarcaba tanto las crisis de civilizaciones, cambio climático y social, como transición energética y modelos alternativos, entre otros. La soberanía alimentaria y la agricultura tuvieron un papel pre

ponderante en los debates generados. ULTeRA como miembro de la Coalición de los Pueblos por la Soberanía Alimentaria (PCFS) participó en un panel sobre las falsas soluciones que se vienen denunciando en  la COP20 y  la transición justa como una vía necesaria para abordar el cambio climático, que  es en definitiva el resultado de un sistema capitalista orientado al desarrollo de las actividades extractivas y a la obtención de ganancia en detrimento del bienestar de la mayoría de la población.  La criminalización de la protesta social se hizo presente en varios testimonios de organizaciones indígenas y campesinas quienes en la lucha por defender sus derechos fundamentales son acorralados y denunciados por los Estados al servicio de las corporaciones y las transnacionales. Tal es el caso del pueblo de Espinar en la región de Cusco quienes movilizados en defensa de sus derechos, expresaron su desacuerdo con el inicio de proyectos extractivos, y se han visto reprimidos violentamente por las fuerzas policiales del gobierno peruano, y envueltos en diversas investigaciones y causas armadas, con pedidos de prisión preventiva e incluso cadena perpetua. Otro caso ilustrativo es la expansión del agronegocio del aceite de palma en la cuenca del Congo en Colombia, donde las comunidades locales son expulsadas de forma violenta de sus territorios y el paisaje se transforma en un paisaje monocultural en estrecha complicidad con los poderes locales políticos y paramilitares.
El 10 de diciembre, Día Internacional de los Derechos Humanos, las organizaciones populares de América Latina y el Mundo que participamos de la  Cumbre de los Pueblos en Perú, inundaron las calles históricas de Lima, y más de 20 mil personas se unieron a la Marcha Mundial en defensa de la Madre Tierra,  por el Buen Vivir, por la Justicia Climática y la lucha contra la pobreza, por la Soberanía Alimentaria, por la defensa de los territorios de los pueblos indígenas, por un Sí a las Soluciones Reales y un No a la falsas soluciones, por el reconocimiento de las mujeres en el cuidado de la naturaleza, por la justicia social y por la Pachamama.
Unos días antes de la Cumbre, el referentes de la lucha campesina y política de varios países latinoamericanos, como Alberto Acosta de Ecuador y Lander de Venezuela, entre otros, participaron del Tribunal ético sobre los Derechos de la Naturaleza donde se presentaron algunos casos emblemáticos de violaciones a los derechos de la Madre Tierra. 
Las propuestas debatidas en la Cumbre por parte de la red de las diferentes organizaciones sociales evidencian que es imperioso correr el foco de las grandes escalas, donde el objetivo es el lucro y no la Soberanía nacional y popular.  Algunos ejes comunes fueron incluir en la agenda educativa la cuestión del Cambio Climático y el reconocimiento en el uso comunitario de los bienes comunes, la exigencia de políticas publicas que recuperen la cultura local y el saber ancestral, el derecho al acceso de las poblaciones locales a la tierra y al agua, y la libertad de decidir cómo producir y comercializar los alimentos. En este sentido la organización y la solidaridad internacional, en torno a propuestas como la agroecología se hicieron presentes como una alternativa concreta y vigente para la lucha contra el cambio climático y el sistema capitalista que atenta contra la vida misma de toda la humanidad.



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